¿Podemos evitar convertirnos en Estados totalitarios?

Más simple aún: ¿podemos evitar convertirnos en un Estado? La pregunta pretende no ser trivial. En Komun.org tenemos una visión anarquista, anticapitalista, antiestatista y antitotalitaria. Pero esto, lamentablemente, no es algo "natural" en la especie humana. Por tanto, la autocrítica temprana es imprescindible.

Cuando queremos analizar lo más objetivamente posible el devenir y el futuro progreso de cualquier proyecto con vocación autogestionaria y horizontalista no debemos excluir ningún punto de vista. Y, para entender la totalidad de un movimiento, hay que incluir, necesariamente, lo social, cultural, histórico, económico, psicológico, biológico y hasta paleontológico.

He dicho que la anarquía no es "natural" en la especie humana, lo cual no es óbice para admitir que una evolución voluntaria hacia la utopía es algo deseable, necesario y conveniente. No es "natural" porque somos el resultado de la herencia de nuestros ancestros remotos: primates fuertemente jerarquizados. Siempre he incluido este hecho cada vez que he intentado esbozar un resumen de la historia económica y social de la humanidad. Véase, por ejemplo: "Y entonces llegó Bitcoin a cambiar la historia" o "Abre los ojos, no hay crisis".

Desnudando psicológicamente a cualquier ser humano encontramos las motivaciones primarias de nuestros comportamientos básicos: el miedo y la búsqueda de seguridad. Estos dos factores son la atávica estructura psicobiológica que nos hace criaturas poco aptas para la construcción de proyectos orientados hacia el bien común. O, en cualquier caso, participaremos en tales proyectos intentando hacerlos compatibles con la necesidad de aplacar ese carácter individualista basado en el miedo y en la incesante búsqueda de seguridad personal. Eludir esta auto-observación es la base segura para todos los autoengaños que históricamente han destruido los mejores intentos para crear una sociedad basada en el mutualismo, la cooperación y el bien común.

Por otra parte, es inherente a nuestra naturaleza el deseo freudiano de "ser grandes", dejar nuestra huella en el mundo y ser reconocidas por ello. Antropológicamente esto no es más que una derivación sofisticada de las estructuras jerárquicas de nuestros ancestros primates.

Cómo destruir en pocas etapas un proyecto autogestionario

Es sencillo. Lo venimos repitiendo desde los más remotos tiempos. Basta con dejarnos arrastrar hasta recrear de forma casi espontánea las estructuras de un Estado.

1) Crea o participa en la creación de un proyecto horizontal y autogestionario reafirmándote continuamente en que solo tu visión y tus ideas son las correctas. No te preocupes, todo comenzará de muy buen rollo pero esa será la tendencia inevitable. Prácticamente no tendrás que hacer nada inusual para cumplir con esta primera premisa.

2) Forma un cuerpo de funcionarias en cuanto puedas. Si bien el proyecto está orientado hacia el bien común debes asegurarte que tú y todas las personas afines puedan vivir y sacar provecho de él. El miedo y la búsqueda de seguridad individual serán el motor invisible de todas las sutilezas dialécticas que emplearás para justificar los comportamientos más egoístas y disfrazarlos de activismo radical. Y tampoco te preocupes porque siempre estarás absolutamente convencida de la honestidad de tus actos. El cerebro es así de benevolente.

3) Ataca con todas las armas dialécticas y estrategias seudoasamblearias a cualquier voz discordante. Naturalmente en esta etapa crucial hacia una estructura estatista tú y tus afines deben desactivar cualquier intento de autocrítica interna. Vale que el resto del mundo está podrido y no se pueden esperar más que resistencias y ataques al proyecto. Pero dentro todo debe ser fe y cohesión inquebrantable (por supuesto, a tus ideas que son las únicas valiosas y verdaderas). No toleres preguntas insidiosas. Conviértete en guardiana de la verdad y la moral. No te permitas siquiera un atisbo de humor. Con tus proyectos de vida no se juega. Observa cómo lo hacen los Estados bien consolidados: un Estado no admite críticas. Un Estado totalitario está obligado a suprimir a las facciones disidentes. Si la disidencia, además, reviste la crítica de humor y caricaturas, eso ya es intolerable. Así que ¡ánimo! si has alcanzado esta etapa ¡lo estás consiguiendo! No tendrás aún cárceles ni (oficialmente) policía. Pero no desesperes, estás en el buen camino.

4) Una vez que te has hecho fuerte, tú y todo el politburó, empieza una etapa más o menos larga pero realmente emocionante. Una etapa que dará sentido a lo que antes era una minúscula vida girando alrededor de esa angustia vital y el reto de conseguir la siempre escurridiza seguridad personal. Ahora las facciones están claramente definidas. Tú eres la parte oficialista, la que siempre tiene razón y por tanto no vas a tolerar que otras personas puedan destruir tu proyecto-chiringuito de Estado. Las "otras" son la disidencia, las terroristas, las que desean destruir todo lo que te ha costado tanto construir.

Lo que sigue es simplemente la repetición de historias conocidas. Los mejores proyectos terminan siempre divididos en dos o más partes. Y, finalmente, cada una va por su lado. Hoy diríamos que el "fork" es inevitable. Sencillamente porque nos gusta llenarnos la boca con expresiones como inteligencia colectiva, inclusividad, consenso, asamblearismo o, más campechanamente, esto lo construimos entre todas. Pero a fin de cuentas, el asunto es: si no piensas como yo, habrá guerra. Desde el paleolítico, pasando por el feudalismo y hasta la era contemporánea esto siempre ha sido así.

El arte de manipular

Llamar arte a la manipulación es una licencia poética. Manipular los argumentos de la lógica y la razón es la necesaria evolución (por cuestiones de supervivencia) del reto de subir peldaños en la escala social de la familia primate. A veces hay que desparasitar a las afines y a veces hay que mostrar los dientes a quienes puedan amenazar nuestra posición privilegiada. El cerebro humano está construido para manipular la realidad. Sería insufrible y hasta contrario a la pervivencia de nuestro material genético percibir la realidad de nuestras motivaciones. Así que la Naturaleza, sabia pero implacable en sus objetivos procreadores, ha conseguido que interpretemos la realidad de una manera más o menos confortable y coherente con nuestras ansias instintivas. Básicamente: somos el centro del universo, siempre tenemos razón y cualquier acto destinado a aplacar nuestros miedos y obtener seguridad, por deleznable que parezca visto desde fuera de nuestro centro, estará siempre plenamente autojustificado. Y nunca toleraremos que se cuestione la honorabilidad de nuestras acciones.

La manipulación de la realidad lo impregna todo. Sería absurdo incluso que no reconociera que estas mismas reflexiones son un intento de manipularla.

Ya somos un Estado

Una vez asegurado el control de cualquier proyecto etiquetado como autogestionado y horizontal ya tenemos el retoño verde y orgulloso de un Estado. Siempre y cuando estemos en la facción correcta, claro. Si no, bastará con escindirnos e intentarlo de nuevo.

Disclaimer

Escribo desde el autoengaño basado, como no, en los impulsos atávicos del miedo y la búsqueda de seguridad individual. Reconozco que soy manipulador y distorsiono la realidad para mi propia tranquilidad. Tengo la esperanza, eso sí, de que comprendiendo la brevedad de este misterio llamado vida pueda llegar al fin de la misma con la sonrisa relajada y la serenidad de sentir que, honestamente, he vivido. No conozco otro camino que el de revisar constantemente mis actos y motivaciones. No para juzgarlos sino para no perder de vista mis más antinaturales ideales; aquellos que en algún momento sentí como aquellos por los que merecía la pena vivir. Amo la idea de un mundo sin Estados. Por favor, pegadme un tiro en la cabeza si alguna vez pierdo el Sur.

@Sofocles